domingo, 6 de noviembre de 2011
Tupá: dios del bien
Los guaraníes: una cultura que perdura
La palabra guaraní significa “Guerrero”, pero los guaraníes no sólo se dedicaron a la guerra, les gustaba la poesía y reunirse por las noches a la luz del fogón para contar historias y cantar.
Las leyendas, los cantos y las costumbres guaraníes que conocemos provienen de los distintos grupos que habitaron el suelo sudamericano.
Los guaraníes se establecieron en el territorio argentino entre fines del siglo XV y comienzos del XVI. Se subdividieron en distintos grupos dependiendo de la zona donde habitaban, como:
· los chandules o guaraníes de las islas del Delta del río Paraná, desaparecieron poco después de la segunda fundación de Buenos Aires por Juan de Garay, en 1580;
· los del río Carcarañá o carcarañáes;
· los guaraníes de Santa Ana (en el norte de Corrientes y
· los chiriguanos (en el Chaco Boreal y extremo norte del Chaco Central).
En Misiones y zonas aledañas del Paraguay y Brasil, se encuentran actualmente los mbyá que son descendientes de guaraníes que no aceptaron formar parte de las misiones jesuíticas. En la provincia de Misiones, junto a los mbyá viven grupos de paí tavyterá y de chiripás.
Su población se estima en 1,5 millones. Actualmente existen cientos de miles de guaraníes y su idioma es hablado por 4 a 7 millones de personas, principalmente gente de origen mestizo, en Paraguay, suroeste de Brasil, oeste de Bolivia y norte de Argentina.
La cultura guaraí sigue viva y transmitiéndose de generación en generación.
“Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y
propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible, ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afectan. Las provincias pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones.”
Artículo 75, Inciso 17 de la Constitución Nacional Argentina.
La imagen como parte integrante del texto literario
viernes, 4 de noviembre de 2011
No soy de aquí, no soy de allá, soy de Mocoretá
- geográficos: determinados por accidentes geomorfológicos: orográficos, hidrográficos y/o marítimos
- geodésicos: determinados por paralelos o meridianos
- geométricos: determinado por líneas curvas o rectas
- Frontera cultural
- Frontera económica
- Frontera social
Neurobiología del amor en Igtá y Picazú
¿Por qué el amor es ciego?
Porque se desactivan los circuitos cerebrales responsables de las emociones negativas y de la evaluación social.
O sea cuando amamos a alguien, sólo vemos los aspectos positivos, nunca vemos sus defectos, estamos hipnotizados, producto de la hormonas del amor, efecto que dura algunas semanas.
Según Diego Golombek, biólogo, autor de "Sexo, drogas y biología", el cerebro enamorado no solo vive de las neuronas, sino de las sustancias que las comunican, que se llaman neurotransmisores y las hormonas que la regulan.
Cuando decimos que sentimos mariposas en el estómago, es porque nuestro cuerpo está atravesando una tormenta de neurotransmisores, dopamina y serotonina.
Los neurotransmisores responsables del amor de Igtá y Picazú son la dopamina y la serotonina, las hormonas son la vasopresina y la oxitocina, que a su vez influyen en la fidelidad y en el interés por el ser amado, cuando ambos escapan de los indios de su tribu.
EL amor de Igtá y Picazú, tenía un componente psicológico y otro fisiológico.
Desde lo fisiológico, que tiene en común Igtá y Picazú, Romeo y Julieta, Brad Pitt y Angelina Jolie, es simple, la dopamina y serotonina, que ejercen hipervínculos en las neuronas y las que hacen clic en ellas son las hormonas oxitocina y vasopresina.



